Perdón por no comportarme a la altura que merecías, por ser
todo lo que odiabas, por todo el tiempo invertido y que básicamente te hice
perder, perdón por aquellas miradas certeras y llenas de odio que te compartí
desde mi estado catártico, perdón por no disfrutar tu presencia, tu esencia, tu
magia, tu olor, tu calor, tu sabor, tu dolor. Perdón por no aceptar cada uno de
tus bellos defectos y besarlos con ese amor que te negué durante tanto tiempo, perdón
por no aceptar tus virtudes y siempre querer omitirlas porque para mí eran un
recordatorio de que eras especial de que me amabas, pero que no quería admitir
porque sentía que no lo merecías.
Perdón por hacerte derramar lágrimas, por desatar tu irá,
por contradecir tus palabras y tus acciones, por no respetar tu presencia, por
no oír tu opinión, por querer anularte a tal punto que te quedaras en una
esquina con las manos atadas, los ojos vendados y la boca silenciada.
Perdón por todo el daño ocasionado por tanto tiempo, perdón por
actuar de forma mediocre e inconsciente de cada una de tus capacidades, perdón por
todo aquello que debí darte y que en mi infinita ignorancia, egoísmo y poca empatía
jamás te di. De corazón perdón, por cada uno de las palabras que salieron de mi
boca y te impactaron directo al corazón, perdón por cada pensamiento no dicho,
pero que en el fondo la entendías y te provocaban una repulsión terrible hacia
mi ser. Perdón por tanto, perdón por no hacer nada, perdón por dejarte, perdón por
ignorarte, perdón por no disfrutarte, perdón por subestimar cada una de tus
capacidades, aun sabiendo que eres el triple más fuerte que yo. Perdón por
arrancarte cada pedazo de dignidad a la fuerza, por forzarte a hacer cosas que
te negabas, que no querías hacer, ver, sentir, mirar, tocar, beber,
experimentar y vivir. Sinceramente y de corazón te envió un perdón infinito por
todos estos años que te tuve en la más oscura habitación, por dejarte ver el
suelo y mirar tus pies como única salida a tu encierro. Perdón por dejarte
morir de inanición, una inanición que optaste como defensa al ver que no había más
alternativa para acabar con cada uno de mis actos egoístas de mi corazón hacia
tu corazón puro, el cual vapuleé sin
temor cada vez que pude y sin remordimiento alguno. Perdón por jamás anteponer
tu corazón como lo merecías.
Perdón por cada lagrima que no permití que botaras
y que obligue a que jamás tuvieras el tiempo de hacerlo, porque me fastidiaba,
porque sentía que la vulnerabilidad no era para ti y que no tenías el más mínimo
derecho a semejante privilegio. Perdón
por todas las veces que te obligue a ser fuerte cuando solo querías no estar más,
por cada nudo en la garganta que te hice tragar sin siquiera permitirte expresar
algún dejo de dolor. Perdón por obligarte a resistir y a contemplar situaciones
que te destrozaban, que te mataban, que te asfixiaban, use toda mi violencia y
mis opciones para que vieras, sintieras y vivieras cada una de esos
sentimientos ahogados que no deje salir de tu pecho apretado. Perdón por estas
lagrimas que te estoy causando, porque a
pesar de todo, te conozco mejor que nadie y sé cómo te sientes a cada instante
y sé que tu alma, vida mía, no ha sido la más afortunada porque no la he dejado
volar como debía, no te he permitido ser
ni sentir porque me avergonzaba que te mostraras tal y como eras, porque no te
aceptaba, porque no te quería, porque te detestaba, porque me avergonzaba que
te vieran, me aterraba que descubrieran tu fragilidad. Perdón por coartar tu
libertar y sentimientos.
Sinceramente y de corazón perdóname, perdóname.
Te prometo que no te
dejare morir por segunda vez en esa inanición absurda que te provoque, en esa
celda oscura, sin gente y sin luz en la que te obligue a vivir. Por favor perdóname
y toma el tiempo que sea necesario para sanar, dentro de todo te mereces eso y más
por obligarte a no ser parte de lo que verdaderamente soy.
Perdón abandonarte, perdón por abandonarme




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