jueves, 12 de abril de 2018

Perdonandome




Perdón por no comportarme a la altura que merecías, por ser todo lo que odiabas, por todo el tiempo invertido y que básicamente te hice perder, perdón por aquellas miradas certeras y llenas de odio que te compartí desde mi estado catártico, perdón por no disfrutar tu presencia, tu esencia, tu magia, tu olor, tu calor, tu sabor, tu dolor. Perdón por no aceptar cada uno de tus bellos defectos y besarlos con ese amor que te negué durante tanto tiempo, perdón por no aceptar tus virtudes y siempre querer omitirlas porque para mí eran un recordatorio de que eras especial de que me amabas, pero que no quería admitir porque sentía que no lo merecías.
Perdón por hacerte derramar lágrimas, por desatar tu irá, por contradecir tus palabras y tus acciones, por no respetar tu presencia, por no oír tu opinión, por querer anularte a tal punto que te quedaras en una esquina con las manos atadas, los ojos vendados y la boca silenciada.

Perdón por todo el daño ocasionado por tanto tiempo, perdón por actuar de forma mediocre e inconsciente de cada una de tus capacidades, perdón por todo aquello que debí darte y que en mi infinita ignorancia, egoísmo y poca empatía jamás te di. De corazón perdón, por cada uno de las palabras que salieron de mi boca y te impactaron directo al corazón, perdón por cada pensamiento no dicho, pero que en el fondo la entendías y te provocaban una repulsión terrible hacia mi ser. Perdón por tanto, perdón por no hacer nada, perdón por dejarte, perdón por ignorarte, perdón por no disfrutarte, perdón por subestimar cada una de tus capacidades, aun sabiendo que eres el triple más fuerte que yo. Perdón por arrancarte cada pedazo de dignidad a la fuerza, por forzarte a hacer cosas que te negabas, que no querías hacer, ver, sentir, mirar, tocar, beber, experimentar y vivir. Sinceramente y de corazón te envió un perdón infinito por todos estos años que te tuve en la más oscura habitación, por dejarte ver el suelo y mirar tus pies como única salida a tu encierro. Perdón por dejarte morir de inanición, una inanición que optaste como defensa al ver que no había más alternativa para acabar con cada uno de mis actos egoístas de mi corazón hacia tu corazón puro, el cual  vapuleé sin temor cada vez que pude y sin remordimiento alguno. Perdón por jamás anteponer tu corazón como lo merecías. 

Perdón por cada lagrima que no permití que botaras y que obligue a que jamás tuvieras el tiempo de hacerlo, porque me fastidiaba, porque sentía que la vulnerabilidad no era para ti y que no tenías el más mínimo  derecho a semejante privilegio. Perdón por todas las veces que te obligue a ser fuerte cuando solo querías no estar más, por cada nudo en la garganta que te hice tragar sin siquiera permitirte expresar algún dejo de dolor. Perdón por obligarte a resistir y a contemplar situaciones que te destrozaban, que te mataban, que te asfixiaban, use toda mi violencia y mis opciones para que vieras, sintieras y vivieras cada una de esos sentimientos ahogados que no deje salir de tu pecho apretado. Perdón por estas lagrimas que te estoy causando, porque  a pesar de todo, te conozco mejor que nadie y sé cómo te sientes a cada instante y sé que tu alma, vida mía, no ha sido la más afortunada porque no la he dejado volar como debía,  no te he permitido ser ni sentir porque me avergonzaba que te mostraras tal y como eras, porque no te aceptaba, porque no te quería, porque te detestaba, porque me avergonzaba que te vieran, me aterraba que descubrieran tu fragilidad. Perdón por coartar tu libertar y sentimientos.

Sinceramente y de corazón perdóname, perdóname.

Te prometo que no te dejare morir por segunda vez en esa inanición absurda que te provoque, en esa celda oscura, sin gente y sin luz en la que te obligue a vivir. Por favor perdóname y toma el tiempo que sea necesario para sanar, dentro de todo te mereces eso y más por obligarte a no ser parte de lo que verdaderamente soy.

Perdón abandonarte, perdón por abandonarme

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